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Una nueva realidad: ¿de qué exactamente estamos hablando?

  • Foto del escritor: Karina Sarmiento Torres
    Karina Sarmiento Torres
  • 6 ago 2020
  • 3 Min. de lectura

¿Cómo te imaginabas la nueva realidad? ¿Cómo la estás viviendo? Pienso que cada una de nosotras tenía una visión muy distinta de lo que la nueva realidad iba a ser. En mi caso a veces me daba la impresión de que al salir del encierro la nueva realidad estaría allí, como una especie de deseo mágico, una especie de mundo paralelo – “matrix” - donde estaríamos todas protegidas. Me cuesta realmente ver una nueva realidad a más de vernos todas con mascarillas alzando la voz para que la persona con la que hablas te entienda, evitando tocarnos y llenas de miedo por el invisible virus. Tal vez, eso era todo lo que la nueva realidad significaba y yo estaba solo fantaseando producto del encierro.

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La mascarilla cumple la función de recordarnos que vivimos una nueva realidad, que básicamente es vivir con el peligro del contagio constante ya que la pandemia no discrimina y el dolor de la pérdida es el mismo para todas. Entonces la nueva realidad es una realidad cruel, de dolor, de angustia, donde tal vez algunas personas estarán protegidas. Lo que sabemos con más certeza es que la nueva realidad representa escasez, desempleo y más personas desprotegidas frente a la violencia, la desigualdad y la discriminación, inclusive algunas lanzadas a su suerte, como las personas venezolanas, a una ruta sin fronteras – las legales - donde el crimen organizado se alegra de poder fluir con más facilidad.


Siempre me he caracterizado por ser muy optimista pero esta vez la realidad atenta hasta contra esa ilusión. Las pocas veces que he tenido que salir, todas las personas siguen muy juntas (unas a otras) en la fila del banco, del supermercado, donde vayas. El guardia que te recibe en la entrada del local y te toma la temperatura, debe estar siempre recordándonos que hay que mantener la distancia. Incluso, he visto situaciones en las que alguien debe recordarle al guardia que debe recordarnos guardar distancia. En una ciudad donde, tan solo cinco meses atrás, en la fila del banco podías sentir la respiración de la persona que estaba detrás, exigir la distancia es una cosa muy compleja.


¿Cómo pedirle al señor que vende el rallador de zanahoria en la fila del cajero del banco que lo muestre a dos metros de distancia o mejor aún que te mande el enlace de su producto en línea? ¿Cómo vencer las desigualdades y las violencias que hacen que para algunas la situación sea más difícil? ¿Es posible tener esa conciencia ciudadana de un día para otro? No, porque entonces tenemos que hablar de democracia, derechos humanos, equidad, disparidades, no discriminación, etc. Es larga la lista de los pendientes por resolver como sociedad antes de que podamos esperar que todas tengamos una conducta ejemplar. Y eso, sin mencionar la corrupción porque esa sí parece una realidad paralela que una parte del país está viviendo, mundos de riqueza que no les pertenece develados durante la pandemia.


Tendremos que hacerle una limpia al país y rociarnos ortiga, de otro modo, al paso que vamos, tendremos que llenarnos de acciones de protección o de protestas sin fin para decir lo que pensamos. Sin duda nos toca hacer política, ya no por opción, pero por obligación, porque lo personal es político y lo que no hemos resuelto desde nosotras influye en cómo actuamos como humanidad. Esta pandemia nos da la posibilidad de hacer un cambio e involucrarnos con la situación de nuestro entorno porque no podemos permanecer impávidas frente a esta realidad, nueva o no.


El desempleo, la pobreza, la violencia no pueden seguir expandiéndose, puede que te resguardes en su metro cuadrado, pero eso no te libera de la responsabilidad contigo misma y tu relación con las violencias, la desigualdad, la discriminación, el racismo, la xenofobia, el consumo, la destrucción del medio ambiente.


Parece que estoy muy enojada con esta realidad tal vez ahora inclusive sueno a panfleto. Los panfletos sí me hicieron enojar hace años, pues son retóricos y desprovistos de practicidad. En todo caso, lo que quiero decirles es que ya es tiempo de que actuemos como ciudadanas. Si tenemos la posibilidad de optar, debemos trabajar para lograr que todo el país se llene de ciudadanas con capacidad de hacerlo y construir entonces una nueva realidad y no solo toparnos con una que nos ponga a salvo del contagio.



 
 
 

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