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Una fórmula infalible para el impacto

  • Foto del escritor: Karina Sarmiento Torres
    Karina Sarmiento Torres
  • 10 sept 2020
  • 4 Min. de lectura

Deben ser doce años desde que celebramos el primer encuentro del Colectivo por la Paz. Colectivo por la Paz fue el nombre que escogimos un grupo de mujeres que trabajábamos en el cambio social, los liderazgos transformadores, las incidencias, la comunicación, los derechos humanos y ambientales, la protección de la infancia, las empresas sociales, los derechos de las personas refugiadas, el desarrollo comunitario y otras tantas experticias. Los encuentros iniciales nos obligaban a pensar en un gran proyecto de transformación social en donde juntaríamos las experiencias de cada una. No había posibilidad de fracaso, así que avanzamos organizando un taller de diseño de la idea. Todo estaba armado y cuando tuvimos el proyecto listo, en las siguientes reuniones dejamos de hablar del tema. Nadie preguntó sobre cómo darle seguimiento, simplemente nos desentendimos del asunto o como decimos aquí, “nos hicimos las locas”.


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No importó, ni nos sentamos a analizar qué pasó. Solo seguimos reuniéndonos y seguimos soñando proyectos. Una de esas nuevas ideas de proyecto, ya no era una de cambio social, o más bien, esta vez se trataba de nuestro propio cambio personal, así que propusimos hacer todas un viaje a Máncora. En cada encuentro íbamos agregando algún detalle para la gira, pero tampoco llegamos a Máncora. Sin embargo, los encuentros continuaban y las historias continuaban y comenzamos a notar que de alguna manera imperceptible nuestra estrategia lograba un impacto incuantificable pero trasformador en nuestras vidas.


¿Cómo lograr impacto sin implementación de la iniciativa? Pregunta lógica y necesaria para contarles la increíble fórmula del Colectivo por la Paz:


Lo primero, la curiosidad. El Colectivo por la Paz tiene una fuerte necesidad de indagar. Así que cada vez que nos juntamos exploramos sin restricciones la situación de cada una. Conocer el contexto y el problema es sin duda el mejor comienzo de todo proceso. El escaneo es profundo, entonces la mejor estrategia es siempre revelar al instante lo que te acontece. Querer evadir al detector de verdades del colectivo, será siempre un fracaso. Siempre saldrán de alguna manera a la luz tus secretos más guardados. En nuestro ritual de encuentro, la ronda en la que nos interrogamos acerca de dónde estamos es infalible. Hay veces en que debemos detenernos en un caso en particular porque la situación lo demanda, por ejemplo, nuevos romances, nuevos empleos, nuevos viajes. El Colectivo se mueve.


Lo segundo, una gran dosis de alegría y complicidad. El compartir o descubrirse durante la fase de indagación no puede hacerse sin una buena carga de humor. El Colectivo de la Paz encuentra siempre las comparaciones más increíbles para quitarle la carga de dolor, derrota, tristeza o culpa a las historias, y entregarte la posibilidad de verlas en su esencia, con su carga real. Reír, llorar, reír y volver a reír y reír y luego decir, “es cierto ya pasó”. Esa posibilidad de sentir el apoyo de cada una y poder reír juntas, no tiene precio – no como un anuncio de tarjeta de crédito – pero realmente no lo tiene – no soy yo la más graciosa, como pueden constatar -. Los festejos del colectivo por las alegrías compartidas de nuestras historias te penetran la piel.


Lo tercero, la confianza y la sororidad. Eso de los lugares seguros es importante, este es uno de ellos. El Colectivo por la Paz es un espacio donde somos sin más y estamos siempre seguras de que nuestras historias quedarán allí, pero no solo se trata de la confianza, sino de la certeza de la sororidad de cada una y a la vez, de ese abrazo colectivo que te envuelve. También hay ocasiones en las que el silencio de alguna se impone, entonces el silencio solidario también vale.


Lo cuarto, una profunda admiración por cada una. Hoy, luego de tantos años, la ausencia de una se siente. De alguna manera, cada una ha impuesto su sabor a esta combinación de seis mujeres. Todas cuentan sus increíbles luchas sociales, políticas y transformadoras; todas inspiran. Pero sin duda, el peso de la experiencia otorga el lugar de la sabiduría a una sola, quien en muchas ocasiones nos regala largos relatos de sus aventuras. Sus relatos son sin duda una gran fortuna y un privilegio que te envuelven de fortaleza.


Lo quinto, no hay reglas. Desde que nos comenzamos a reunir nunca nos impusimos tiempos para vernos. Así que nos juntamos cada vez que el corazón lo pide. Ese método para fijar los encuentros es preciso, doce años de encuentros sin parar es el mejor indicador de su eficacia.


Entonces ya conocen la fórmula para obtener impacto, una gran dosis de amor del bueno. No logramos un solo proyecto sino miles pues cada una no deja de crear. Este es un modelo para replicar. Y sí, sí logramos un viaje juntas, en el 2012 pasamos el más increíble año nuevo en Las Gilces, Manabí, y todas de blanco quemamos el año, comimos, reímos, bailamos y la gozamos. Ahora estamos esperando a que los abrazos se liberen para tener un nuevo encuentro, mientras tanto las reuniones en línea se permiten y nos conectan. Una recarga del colectivo, siempre es bienvenida.

 
 
 

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