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Puca y su obsesión por las aves

  • Foto del escritor: Karina Sarmiento Torres
    Karina Sarmiento Torres
  • 3 sept 2020
  • 4 Min. de lectura

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Nuevamente está Puca insistiendo en que debemos ir a la playa. No es el momento para ir a la playa, insisto, pero como les expliqué anteriormente, ella es muy buena para argumentar. Ahora dice que no puede ir a ningún otro país si antes no logra atrapar una gaviota en Las Gilces. Le explico nuevamente que no puede atrapar gaviotas. Ella asegura que tiene un plan perfecto y que esta vez la gaviota que ve volando en su imaginación no tiene escapatoria. Cuando comienza a obsesionarse de esa forma, asusta un poco.


Hace varios años hizo su primer intento de atrapar a una gaviota. Corrió 5 km detrás del ave, iban a la par en velocidad, pero por fortuna Puca no despegó. Y eso que se había pasado horas estudiando el vuelo de las aves, pero la teoría no es lo mismo que la práctica y el vuelo no se dio. Ahora está convencida de que tiene la fórmula, está tan segura, que en Lima debía estar muy atenta a que no cometiera ninguna locura.

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Estando en el piso 15, pensó que bien podría probar aterrizar desde esa altura, si lo lograba, pensaba, nada evitará que logre atrapar a la gaviota. Pero luego vino lo de la pandemia y por un tiempo se relajó hasta estos días de regreso en Portoviejo en que ha comenzado de nuevo con la misma cantaleta. Por suerte, esta casa es de un solo piso y el patio no le da para practicar el despegue. Aunque eso sí, todos los días corre para estar en forma de gaviota.


Espero que no le dé por ir a ver ballenas en el Mediterráneo. Recientemente, vimos un video de unas ballenas que habían llegado al Parque Nacional de Calenques, en Francia, ahora que no había turistas en las playas. Luego buscó en el mapa y se dio cuenta de que ese parque no está muy lejos de donde vive su madre. Vi su cara, esa cara de que algo se le metió en la cabeza. No ha dicho nada, pero no falta nada para que lo haga y como no podremos ir a la playa para que intente lo de las gaviotas, habrá que estar preparados para sus nuevos dramas, digo planes.


Se obsesiona tanto con sus ideas, que cuando mi hija estaba en el colegio en Quito, ella estaba convencida de que también podía estudiar. Con un poco de empeño, sabiendo hablar, ella podría lograrlo. Varias veces tuve que sacarla de la mochila, de la lonchera, de la manga de la chaqueta, de la bolsa de deportes; incluso trató de irse disfrazada pretendiendo engañarnos diciendo que era la amiga de mi hija. No le resultó. No pesa demasiado, pero pesa y lo del disfraz, no estuvo cerca de lograrlo, obviamente. Es verdad que el peso de la mochila de mi hija era realmente una especie de quintal de papas, pero se notaba cuando un kilo extra entraba en esa mochila.


Sin duda, mi hija y yo somos responsables de haber alimentado en Puca estas ideas locas, no le pusimos ningún límite y ella realmente piensa que no los hay. Puedo darme cuenta ahora que una dosis de límites hubiese ayudado un poco, pero bueno, no se puede tener todo, y supongo que si le hubiéramos puesto límites no sería lo que es. Nunca se sabrá lo que hubiera sido mejor. En realidad, pocas veces se atreve, pero siempre da un poco de temor que su audacia sin límites pueda ponerla en peligro.


Dos años atrás fuimos de paseo a Nono, nos quedamos un par de días en una cabaña. Una tarde, mientras mirábamos relajadas el atardecer, de repente escuchamos a Puca activar sus palabras de entrenamiento y allí estaba, poniendo a cinco caballos en fila y atentos a sus órdenes, obedeciéndole. La escena no se veía muy bien – una pequeña patada de uno de estos caballos y no hubiera podido contarnos su versión – pero se las arregló y logró su cometido, dejó a los caballos donde ella quería y regresó a la casa. Nosotras de espectadoras de esta hazaña, aterrorizadas por los posibles finales y ella, feliz de la vida, como siempre segura del resultado. Cuando volvió a la casa, nos dijo con mucha naturalidad, “me fui a dar una vuelta y a poner en orden a unos caballos desordenados”.

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Nosotras siempre nos hemos apoyado en nuestras ideas, inclusive las más locas. Estar siempre abiertas a las propuesta, sueños o ideas de la una y de la otra nos ha dado muchas recompensas, pero también puede resultar muy duro. Esta historia comenzó con el tema de las gaviotas solo para decirles que justamente, en estos días, cuesta armar planes y proyectos. Entonces, la determinación de Puca me motiva para continuar empeñada y mantener mis objetivos en línea. Tal vez, incluso me gustaría intentar con Puca alcanzar las gaviotas, aunque no con la misma intención perversa de ella – que se las quiere comer –.



 
 
 

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