top of page
Buscar

Las niñas

  • Foto del escritor: Karina Sarmiento Torres
    Karina Sarmiento Torres
  • 17 sept 2020
  • 4 Min. de lectura

Veinte años atrás presenté un breve fragmento de lo que imaginaba sería una obra de teatro físico Historias de T. Eso de contar historias me persigue. (Escena 4) El fragmento o ejercicio teatral comenzaba con un hombre sosteniendo una rosa en la mano de pie en una esquina del escenario. El hombre poco a poco se iba comiendo la rosa mientras al fondo del escenario, en la esquina diagonal a él, dos mujeres jugaban, bailaban y saltaban la cuerda. El hombre comía la rosa hasta que le producía vómito (Fin de la escena).

ree

(Escena 5) En la segunda escena, una mujer estaba al fondo del escenario dando la espalda al público mientras se escuchaba la voz de una mujer cantando: tengo una muñeca vestida de azul, zapatitos blancos, delantal de tul… El canto se repetía varias veces, cada vez se hacía más fuerte hasta que se convertía en un grito doloroso. Entonces, la mujer que estaba al fondo del escenario comenzaba a leer ante el micrófono el texto que copio aquí abajo, con un fragmento de "As Montanhas" de Madredeus como música de fondo :


Tenía 16 años,

Era un cuarto oscuro,

mis piernas colgadas sobre dos hierros y

unas voces que no he podido olvidar,

hablando de cualquier cosa,

pensando lo desalmada y mala mujer que era.

Lo único que quería era despertar y aparecer en un lugar hermoso,

con alguien a mi lado diciendo que aquello nunca pasó,

pero cuando desperté otra mujer estaba allí,

entonces dijo que era su tercera vez,

¡un descuido! Sus manos en mi cuerpo no las decidí yo.

(fin de la Escena)

En ese tiempo, había salido una campaña para prevenir el embarazo en adolescentes que decía: “un descuido puede cambiar tu vida”. Nunca me gustó el significado de esa palabra “descuido” en la campaña, como si descuido es el profesor o el amigo que viola a una niña; como si descuido fuese dos adolescentes aprendiendo a quererse o descubrirse sin una pizca de información o educación sexual desde la familia o la escuela; como si descuido fuera el hombre adulto que viola a esa adolescente y pretende que ella tiene la responsabilidad; como si descuido fuera una ocurrencia de una adolescente descubriéndose. Me pareció y me sigue pareciendo una frase cargada de prejuicios y de condenas hacia esa niña o adolescente.


En todo caso, cuando “ese descuido” sucede, los reproches son siempre fuertes: ya es una “tirada a grande” y seguramente se trataba de una alocada, ella sabía, debió cuidarse; puede ser que con algo de suerte no se la juzgue tan severamente, pero lo cierto es que rápidamente asumimos que la responsabilidad es de la adolescente, ella se lo buscó. Pero niña o adolescente es igual, sigue siendo una persona de corta edad a la que no le pasó un descuido, sino que se convirtió en un objeto de la censura y el olvido de la sociedad que aún no puede hablar libremente del tema.


(Escena 6) El fragmento terminaba con un hombre entrando al escenario y gritando: ¡taaaaxi!, tal cual cuando sales corriendo apurada y ves el taxi que necesitas (fin del fragmento). Terminaba así, porque siempre he tenido la impresión de que la violación a niñas y adolescentes, niñas forzadas a ser madres o embarazos de adolescentes siempre quedan como un grito desesperado al aire. Nos enfrascamos en que si ella debió cuidarse, por qué andaba con hombres, que si la vida comienza un día u otro, lo cierto es que vemos terminarse muchas vidas o las vemos cambiar bruscamente de rumbo. En Ecuador, el 60% de las víctimas de violencia sexual son niñas y adolescentes. Entre el 2009 y 2018, 21.554 niñas menores de 14 años tuvieron un parto en Ecuador, es decir 6 niñas al día. En Argentina, una cifra similar, 7 niñas paren al día. En Paraguay, entre enero y julio del 2020, se han registrado 282 embarazos en niñas menores de 14 años y más de 7.500 embarazos en niñas entre 14 y 19 años. ¿Cómo podemos permitir que esto continúe? ¿Estas niñas y adolescentes se lo buscaron? Sabemos bien que no.


Sí, es cierto que todo se supera y la vida misma se encarga de sanar y compensar a esas niñas y adolescentes madres o no o las que se fueron. Sin embargo, eso no quita la responsabilidad que como sociedad tenemos por haberlas dejado morir, por haberlas juzgado, por haberlas dejado solas o por haberlas convertido en proveedoras tan pronto, por haberlas marginalizado.


Por fortuna, cada vez hay más discusión y más personas jóvenes, mayores, y más mayores, hombres y mujeres con voces muy fuertes que denuncian lo que he tratado de describir. Lo hacen muy bien y seguramente, todas juntas podremos lograr nuevos roles y no “descuidos” ni culpables, simplemente un nuevo mundo de respeto y equidad. La educación sexual es un derecho y la maternidad forzada y la violación sexual son crímenes.



¡Por Paola Guzmán y todas las niñas!

ree


--------------------------

¡Alza la voz por las niñas de América Latina!

Puedes encontrar más información en https://www.ninasnomadres.org/



 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Una mañana de sábado

Una mujer sostiene a un niño con su brazo derecho mientras con su brazo libre hace malabares con dos pelotas. Mis ojos la miran absortos....

 
 
 

Comentarios


bottom of page