La importancia de decir te quiero
- Karina Sarmiento Torres

- 13 ago 2020
- 4 Min. de lectura
Una de las cosas que más lamento es no haber guardado una comunicación fluida con mi compañera de la Universidad que durante esos años fue mi Little sister (mi hermana menor). Nos conocimos cuando me mudé de Swansea a Brighton y ella resultó ser la persona con quien compartiría mi cuarto en la casa de estudiantes donde me instalé el primer año. Ella tenía varios años menos que yo, y era la primera vez que vivía fuera de casa sola, y yo, en cambio, presumía y sentía que había vivido tanto, esa sensación de cuando tienes 20 años. Sin duda, ya muchas cosas habían sucedido, en efecto, algunas que dejaron tal marca que me tomó años sanarlas. Yo iba por la vida acelerada, con prisa de todo.

El día que nos conocimos, llegué a Brighton y a la habitación muy tarde en la noche de un domingo, las clases comenzaban el lunes temprano. Yo venía un poco molesta de tener que compartir mi cuarto con alguien y volver a organizarme en una nueva ciudad. Realmente, más que molesta estaba triste de dejar todas las personas que ya eran mi familia en Swansea (la primera ciudad donde viví, ya como estudiante en el Reino Unido). En esa época era muy común que me mostrara molesta con alguien, para no expresar mi verdadero sentimiento. Cuando entré a la habitación del segundo piso de la casa de estudiantes, mi compañera de cuarto ya estaba en su cama. Traté de entrar silenciosamente, o eso creo, en todo caso, la chica en la cama prendió su lámpara y me saludó y se presentó: Hola, soy Suad. Meses más tarde me confesó que esa noche estaba tan asustada de esa mujer con mochila y enojada que llegó, que durmió con una lima de uñas punzante debajo de la almohada en caso de que fuese a atacarla.
Al día siguiente, descubrimos que ambas iniciábamos nuestra licenciatura en estudios del desarrollo en la escuela de estudios africanos y asiáticos. A partir de ese primer día no dejamos de estar juntas. Ella tenía sus propias amigas y yo las mías, pero también hicimos muchas en común. Nuestros horarios eran distintos así que nos veíamos a veces para el lunch, pero lo más seguro era encontrarnos en la biblioteca y, si se podía, regresar juntas a la casa.

Durante ese primer año, cuando llegábamos a la casa Suad no paraba de hablar. Sus historias eran realmente increíbles. Me impresionaban sus dos lenguas maternas/paternas y cómo pasaba de una a otra con tanta facilidad. Me encantaba escuchar sus historias de infancia en el África recorriendo los lugares más increíbles con su padre; la historia de separación de su madre y hermanas cuando se desató la guerra en el Chad; la historia más increíble aún de como su padre volvió a rescatar a su madre y hermanas; el reencuentro con su madre y el constatar que ya no hablaba árabe. Ella fue la primera persona que conocí con esas historias de venir de todas partes y hablar tantos idiomas desde muy niña.
Cuando estábamos en la habitación me contaba todo lo que había hecho y sus fantasías. Ella era la persona más romántica que había conocido, adoraba los perfumes y siempre que viajaba volvía con su favorito. A su padre le encantaba darle sorpresas o hacerle bromas. Una vez recibió un hermoso arreglo de rosas rojas en el día de San Valentín de un admirador secreto, siendo tan romántica estaba muy emocionada, pronto supo que eran de su papá. Me pareció tan lindo y divertido. Lo único que no compartía con ella era su amor por los gatos, mis favoritos siempre serán los perros.

El segundo año ya no vivimos juntas, yo me fui a vivir sola. Igual, ella siempre estaba pendiente de mí. Suad sabía que cuándo me ausentaba era porque podía estar triste, entonces invariablemente recibía su visita y bueno, eso no me sorprendía. Ella, la mujer sabia, siempre sabía. En nuestro último año volvimos a vivir juntas, esta vez en un departamento para las dos. Tal vez ese fue el año donde nos disfrutamos más, pues además de las conversas nos cuidábamos. Además, me apoyó con muchos otros proyectos que me inventaba, por ejemplo, la Campaña de Donación de Libros para Universidades Latinoamericanas y en el viaje que organicé a Cuba con 19 estudiantes de la Universidad.
En el último año Suad conoció al que sería su esposo - no estoy segura donde viven ahora -. Mi hermana menor seguía allí pendiente de mí y de mis historias. En julio de 1995 nos graduamos. El día de la graduación lo pasamos juntas y fuimos a cenar con su papá y su mamá. Inmediatamente después yo regresé a Swansea, volvería a actuar con Frantic Assembly y tendría una gira por todo el país con una nueva producción. Ella haría una maestría. Esos eran tiempos sin internet así que poco supimos después una de la otra.
Nos encontramos en Brighton una vez más antes de mi regreso a Ecuador a finales de 1995. También nos vimos años más tarde cuando su primera hija tenía un año y yo vivía en Ginebra. Luego, el Facebook, como en muchos casos, nos conectó. Sé que ella ha continuado sus viajes y traslados por muchos más paises, que se convirtió en una súper corredora, en maestra de yoga, que trabajó en la escuela francesa, que tiene un blog de recetas de cocina, que hace joyas, que tiene dos hijas hermosas y que sigue acumulando historias. Sigue siendo esa sabia mujer que acumula historias fantásticas.
Me encantaría que fuésemos cercanas como en esos años de Sussex. Sus hijas y la mía son casi de la misma edad y seguro se llevarían genial. Extraño sus historias y extraño sentir a mi hermana menor y sus cuidados. Lamento mucho no haberle dicho muchas, muchas veces, cuánto la quiero. ¡Gracias por tanto mi Little sister!
----------------------------------------
Visita el blog de Suad: EPICES ET BAOBABS https://epicesetbaobabs.com/



Comentarios