Domingo
- Karina Sarmiento Torres

- 22 oct 2020
- 3 Min. de lectura
Recorro las calles de Marsella. Miro la gente e intento mezclarme. A mí me parece que todas las personas pertenecen a la ciudad. En todo caso, habrá alguien que notará que no somos locales. Un hombre pasa y mira dentro de mi bolso, me alerto. Afortunadamente, su mirada fue evidente.

Cruzo la calle, compro un ticket para el tranvía. Vuelvo a cruzar y tomo el tranvía para ir a comprar mi nueva colchoneta de yoga. El lunes recomienzo las clases de yoga, tuvimos un mes de descanso. En la siguiente parada entra un hombre gordo en pantaloneta con un perro y una cerveza en la mano. Pienso en Puca y me digo “qué bien, los perros pueden entrar al tranvía” - no estaba segura -. Se lo diré a mi hija que viene el sábado con Puca. Luego entra un señor mayor con su bastón. En la parada siguiente el hombre en pantaloneta se baja, mientras se aleja el tranvía, el hombre se sienta en la banca de la parada del tranvía y abre su cerveza. Supongo que está bien, si tienes miedo de estar junto a más personas, tomar tu cerveza en la parada del tranvía puede darte la idea de que has salido. No, en realidad pienso “¡qué triste!”. Pero todo podría verse como triste, incluso mi propio recorrido hoy por Marsella.
Llego a mi parada, camino al centro comercial donde espero encontrar la colchoneta de yoga. Las que encuentro son muy grandes y pesadas. Me voy de la tienda.
Doy una vuelta por el mall. Un hombre, una mujer y un niño van delante cuando subo al tercer piso, el niño pide ir a la tienda de juguetes, el papá le dice que deje de comportarse como niño y lo sacude. Yo, que lo observo, salto con el sacudón. Luego me río, si mi hija estuviera aquí, se hubiera enojado, “siempre exagerando”, diría. En realidad, en otro momento le hubiera gritado a ese hombre y le hubiera dicho que su hijo en efecto era un niño, pero no le digo nada, solo sigo.
Entro a otra tienda, hay esos pantalones de lino, esos que le gustan a mi mamá, se lo compro. No sé cuándo la vea. Decido que mejor de una vez pasar por el supermercado y comprar las cosas que necesito la semana que viene. El reinicio del yoga arranca con un programa especial de 40 días de alimentación consciente. Veo la fila para pagar, me da pereza y salgo del super.
De regreso vuelvo a tomar el tranvía. Unas chicas entran detrás de mí y pasan el ticket por una pequeña máquina junto a la puerta. No había visto la máquina antes. Acabo de darme cuenta de que el ticket tiene que ser registrado una vez dentro del tranvía. Este es mi tercer viaje, nunca lo había hecho. Me doy cuenta de que ahora tengo muchos tickets válidos aún. Prometo registrar el próximo viaje. Me bajo en mi parada y subo directamente a la casa, como si llevara prisa. No la tengo.
Decido caminar por las pequeñas calles. Desde la calle Roma a Cours Julien, donde vivo, hay una cuesta, que no la sientes si vas subiendo por las pequeñas calles, casi peatonales llenas de tiendas de productos de todas partes del mundo, en particular de Ghana. Bajo la velocidad, trato de fijarme en las tiendas con más atención. Pienso que debería comprarme una de esas telas de diseños de Ghana. Siempre me han encantado. Me imagino cortando un molde de una revista Burda para hacerme una falda - descubrí que la revista todavía existe y que están en el Facebook, mi mamá usaba esos moldes para coser -. Mi hija dice que yo sí sé coser, cosía los disfraces que le preparaba, los cojines y las cortinas de la casa, así que algo si puedo. Debería intentarlo.
Sigo caminando y subo las gradas que llevan a mi casa. El día comenzó lluvioso, pero ahora el día es caliente como casi siempre. Ya en el departamento, digo que mejor hacer la compra hoy y no el lunes, así no pierdo el tiempo y avanzo con mi trabajo. Pero termino revisando la nueva computadora del trabajo y los documentos que recibí desde que comencé hace un par de semanas. Ordeno los documentos en la nueva computadora. Es increíble cómo tan rápidamente te llenas de información y documentos. Organizo un plan para el lunes. Apago la compu del trabajo. Entonces, sin pensarlo ya me he puesto los zapatos, he tomado la basura, y ya estoy bajando a dejarla y rumbo al supermercado. Hago un recorrido por el supermercado de productos bio, luego paso al supermercado regular, y finalmente compro fruta y verduras en el puesto de la esquina. Regreso, arreglo y me preparo una pasta para comer. Me sirvo mi vasito de vino y finalmente, pongo Netflix y miro una peli.


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