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Autoretrato (1)

  • Foto del escritor: Karina Sarmiento Torres
    Karina Sarmiento Torres
  • 18 abr 2023
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 27 abr 2023


Siempre pensé que era invencible. Una fortaleza, una especie de guerrera que luchaba con los demonios que acechan en cada rincón de la memoria. Luego descubrí que era solo una mujer o algo que se le acerca. Una persona que respira, se agita, sueña y se olvida. Entendí que soy el mango verde con sal, al igual que una Guinness en el día de San Patricio o un vino en una terraza europea o simplemente una mujer que pasea su perro en algún lugar del mundo. Me sigo confundiendo entre izquierda y derecha, ignoro si es porque nunca lo aprendí o porque de verdad soy disléxica. Me encanta cruzar las piernas al sentarme. El corazón se oprime cuando algo me preocupa. Imagino coreografías enteras mientras camino, coreografías donde soy yo la que baila. Me encanta soñar despierta cuando viajo en avión y termino moviendo mis manos y brazos sin alguna razón. Le he creado una voz a mi perro y tenemos largas conversas cada día. Me gusta mirarme al espejo. Escucho música y bailo, mientras escribo. Trato de caminar todos los días. Me he percatado de que las arrugas me van poseyendo, no sé si las quiero, pero no me molestan. Adoro el helado de chocolate, pero no siempre lo compro. Estoy segura de que hay personas que se aburren con mis historias. También hay a las que les encantan. Soy tan del desarraigo, que se me olvida. Grité de noche sola en una calle. Detuve el tráfico de una avenida en Quito para salvar a mi perro. Dormí en una estación de trenes y tuve miedo al subirme a otro a la media noche. He viajado sola desde los diecisiete. Me rio cuando digo ese número, diecisiete, porque recuerdo una anécdota de papá. Mi hija viajó sola a los seis. La primera vez que viajé en avión fue con papá, íbamos a Loja. Adoro viajar en canoa. Comí paella en España, asado en Argentina, tacos en México, choclo en Ecuador y lomo saltado en Perú. Fui mexicana en una vida pasada. Me molestan mis rollitos en la espalda. Siempre me fijo en las manos de las personas. Trato de tener una vela prendida cuando estoy en casa. Puedo vivir sola, pero adoro la compañía. Me caí del techo de mi casa y perdí mis dientes de leche. Me enamoré de un idiota y luego conocí a otros tantos. Escuchar que me aman me encanta, aunque no sepa bien lo que significa. Me asombré cuando me asaltaron por primera vez. No me di cuenta de que lo hicieron la segunda y luego ya no me acuerdo. Soy consciente de lo que consumo, preferiría no consumir por consumir, pero igual lo hago. El hablar por teléfono me bloquea, aunque si me lo propongo puedo hablar mucho. Pienso que está empezando a gustarme. En realidad, me gusta hablar. Cuando me da por hablar no paro. No le tengo miedo a la oscuridad, de hecho, me encanta. Tengo amigas que en todo el mundo. Siempre he querido recorrer el continente africano. Viajé a Cuba sin que me costara. He bailado y bebido en un viaje de avión. Me bañé un primero de enero en una playa en Brasil. Quise ser azafata de niña y también quise ser modista. Estudié sociología sin saber lo que vendría. En el refrigerador siempre tengo queso y vino. Me encanta inventar soluciones y digo que mi trabajo es encontrarlas. Las angustias del mundo me preocupan y siento que es mi responsabilidad hacer algo por cambiarlas. Recorrí toda la frontera norte del Ecuador y la frontera sur de México y otras tantas, por trabajo, pero sobre todo por placer. Dudo qué ponerme cada mañana. Podría usar jean todos los días, aunque ahora ensayo los vestidos. Me encanta abrigarme hasta sudar para poder dormir. No soporto cuando el perro se lame y hace ruido con su boca. He salido con tacones a la calle, pero me parece siempre una experiencia riesgosa. Me caí de cara en las calles de Quito y le di una patada a un tipo que me tocó la nalga. Quise ser malabarista y no pude. Corrí con la app Couch to 5K del National Health Service británico por nueve meses seguidos. Compré la misma crema dos veces y me asombré ambas veces cuando me hablaron de sus beneficios. Dejé mi empleo y mi estabilidad porque le temía al aburrimiento. No puedo cantar, la verdad no lo he intentado. Quisiera jugar tenis, nunca he podido. Me va mejor en los juegos de mesa. Parí a mi hija en un hospital en Francia. Vi morir a mi padre en su cuarto en Portoviejo. Tuve mucho frío en la nieve. Prefiero un cuarto con chimenea. Detesto el nancite de Nicaragua, pero deseaba amarlo. De mi historia recuerdo siempre a las mujeres. Siempre creí que moriría loca, aún lo pienso. Siempre que puedo me como un mango. Me encantan las plantas, pero me cuesta mucho mantenerlas. El aroma de café me envuelve en la nostalgia. Recuerdo las tardes de torta, queso y café en la cocina de la tía en Cariamanga. Tuve un ataque de pánico en la Amazonía mientras subía por una quebrada. Hice dos temporadas con un grupo de teatro en el festival fringe de Edimburgo. Bailé sin cansancio en una rave en Liverpool. No me gusta tener que repetir lo que digo, ni que me interrumpan, pero con frecuencia no me entienden cuando hablo. No tengo color favorito, aunque se podría decir que es azul, aunque tal vez es el verde. Le tengo pánico a los dentistas. Me esforcé para que mi hija no. Mi dentista actual me encanta. Adoro estar descalza. Me inclino más por ir al cine que ir a un partido de futbol. Desearía poder levantarme con su mirada. Me gusta bañarme en el mar, pero cuando voy a la playa me quedo leyendo en la arena. Me gusta bailar mientras me baño. Odio tener restos de comida entre los dientes. Si hay un ruido me despierto. Aún le tengo miedo a la pelota, no sé cuándo comencé a tenerlo. Cocino bien y me gusta lo que hago, pero poco sé de cocina. El tiempo me angustia, menos que antes, pero aún lo hace. Ya no soy una guerrera de demonios imaginados, ahora son reales.

ree







 
 
 

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1 comentario


hiromiple
hiromiple
20 abr 2023

Cada día disfruto más con tus escritos. Este me ha encantado y te he reconocido. Gracias por

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