A ti te digo
- Karina Sarmiento Torres

- 18 feb 2021
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 27 nov 2022

Mírate en el espejo y dime a quién ves. Esa eres tú y hay algo distinto en ti. Te sienta bien el pelo así y sonríes. Recuerdas esa risa contagiosa que tenías en otros años, esa risa que arrastraba a todas las personas a tu alrededor. Ahora ya no la tienes ¿Qué pasó? – son muchos años ya - Ahora es una sonrisa, no está mal, tiene su encanto - ¿Lo ves? - No estás segura, dudas de lo que te digo, te conozco bastante bien y tal vez no te has dado cuenta de que no me puedes dejar. Apura, responde ¿a quién miras? Te diré qué más veo. Esa mujer que está allí, esa mujer que eres tú, esa mujer a la que le gusta tanto jugar y que aún hoy puede reducirse a la dulzura de inventar voces para sus personajes imaginarios - ¿acaso podrás madurar algún día? – es una guerrera que no puede parar, que ha tenido la fuerza para recrearse, para no dejar de aprender, para no dejar de escuchar. Tienes una capacidad de crear que me resulta admirable.
También te diré que me encanta que no hayas perdido la capacidad de asombrarte, tal vez porque no estás esperando lo esperado o tal vez porque, aunque lo esperes, sabes que siempre puede haber una forma distinta de hacerlo y entonces te dejas sorprender. Todas merecemos una nueva oportunidad, te dices y, yo sé que lo crees y eso, aunque a veces puede sacarme de quicio, me parece asombroso. No perder la fe en el mundo parece una frase que tienes clavada en el corazón. ¿Es eso lo que te mueve? No he logrado distinguir si son las personas que amas o es que simplemente amas vivir. Pero tampoco te asusta la muerte, solo llega, dices. Antes siempre te asustó tu propia muerte por los que quedaban, pero ahora ya ves, tal vez no importará mucho a alguien si ya no estás, entonces ya no hay miedo. Todo siempre avanza. Me causaba un poco de angustia y aunque también penita, cuando te ponías triste pensando que ese segundo sería la última vez, bueno algo importante te enseñó el aquí y el ahora, pienso.
No quiero que creas que solo yo tengo razón, puedes decirme si no estás de acuerdo. Pero sigues allí sin decir nada, y como bien sabes, cuando me pongo en lo mío no paro. ¡Vamos! Te gusta lo que estoy diciendo. ¿Qué más me gusta? Tu despertar contigo, queriéndote como te gusta. Tu saludo al día, a las cosas que vendrán, saludando al mundo haciendo un recorrido por él, parando en cada rincón donde tienes una parte de tu corazón, y mandas entonces un pequeño rayito de energía. Me encanta esa certeza de creer que en efecto esa energía llega y en ese minúsculo segundo ese pequeño rayito tocó el corazón de los que amas. ¿Será que lo logras? Pero tú tienes la certeza y supongo que eso es suficiente.
Luego, ese entusiasmo de avanzar en cada cosa, encerrada en tu propia cabeza o atrapada en tus secretos y placeres, soñando despierta. Crees que no me he dado cuenta, cuando en esas salidas a correr o caminar, miras al infinito, como si el avanzar te llevara a un viaje secreto. ¿A dónde imaginas llegar? Tengo que decir que entonces hasta a mí me confundes, pero puedo sentir cómo tu corazón está a punto de estallar, a veces hasta tus ojos se llenan de lágrimas, lágrimas de emoción, parecen. Sí, lo son. Es esa emoción, la que me sigue enloqueciendo.
Mi corazón también estalla cuando te recuerdo tierna esperando ese beso de buenas noches o cuando fue tu turno de cubrir, dar ese beso y apagar la lamparita. Se te eriza la piel cuando digo esto. ¿No es la nostalgia algo que amas? Siempre recurres a ella como tu ancla. La memoria, la nostalgia, tu calma, tu sola, sola en ese cuarto, sola en esa casa, sola en ese camino, sola en este viaje y, sin embargo, siempre tan acompañada, nunca te he dejado ¿acaso lo estás dudando?
Piensas en lo que vendrá, en las puertas que no abrirás, en los caminos que andarás sin mucho drama y en esos nuevos que estás construyendo, viendo a nuevas tú convencidas de que pueden gerenciar el mundo y tú con indulgencia cedes ante esa necesidad de poder. Eso no te incomoda, de hecho, sientes ternura, como seguramente muchas la sintieron contigo. Ahora es distinto, vives más segura, ahora es el placer el motor que te mueve. De que estás hecha me pregunto y entonces, me digo, de amor, sí esa es tu esencia.
¿Me estás escuchando? A ti te digo.


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